La Agencia de Medio Ambiente del Reino Unido declaró oficialmente el estado de sequía en la mitad de Inglaterra, luego de registrarse temperaturas extremas y un déficit histórico de lluvias en el mes de julio, afectando críticamente a zonas de gran importancia demográfica.
Esta crisis ambiental genera una preocupante disminución de caudales en los principales ríos, el adelanto forzado de cosechas agrícolas y un elevado riesgo de incendios forestales.
Ante la gravedad de la situación, las autoridades anunciaron la aplicación de rigurosas restricciones de agua para evitar un desabastecimiento mayor en los hogares.

